Eliana Zamora Tenjica.
Eliana-Zamora

Estudié en el Sena un tecnólogo en gestión administrativa. Al terminar envié muchas hojas de vida, y también atendí una convocatoria que ofrecía la Escuela Taller. Un día me llamaron a la entrevista, solamente al responder la última pregunta, fue que se enteraron de que yo era egresada del taller de cocina y que durante un tiempo administré la panadería de la Escuela. La pregunta era ¿por qué yo consideraba que era la persona adecuada para el cargo?...respondí algo como que cuando uno ama un lugar, uno trata de volver porque le trae buenos recuerdos, o porque quiere hacer parte de él. Se acabó la entrevista y quedaron de llamar. Yo me fui con la sensación de que lo hubiera podido hacer mejor y diciendo otras cosas. Cuando ya iba en el bus, sonó el celular, era de parte de la Escuela y me estaban llamando para darme la excelente noticia de que había sido aceptada para el cargo de compras y almacén, y bueno…aquí estoy. Ya voy a cumplir dos meses.

La cocina es un oficio hermoso que exige muchísimas cosas, dentro de esas, tiempo. Yo tengo un hijo y empecé a sentir que pasaba mucho tiempo lejos de él. Tuve que hacer una búsqueda interna para conciliar lo que estudié, con lo que trabajé, y con el sueño que representaba para mí…además, tuve una experiencia profesional fuera del país, que fue bastante dura. En conjunto se fueron dando varias cosas que no me permitían encontrarme conmigo misma y sentirme cómoda con lo que estaba haciendo. El detonante para empezar a buscar un cambio, fue el sentirme sin motivación para cocinar. No fue para nada fácil, porque caí en cuenta del tiempo que había dejado ir, la edad, las responsabilidades, mi hijo…¿qué ejemplo le voy a dar, qué voy a hacer con mi vida?. En una palabra ¡fracasé!. Pasé muchos días asustada y triste…una noche antes de irme a dormir, le hablé a Dios como si hablara con mi mejor amigo y le conté todo lo que me pasaba, todo lo que sentía…desde el fondo de mi corazón pedí su ayuda. Y sí, sí pasó. Empecé a entender que todo tiene solución, que las respuestas están ahí y que muchas veces uno no las ve, porque está muy desesperado. Aparecen personas con propuestas que uno no se imagina. Con los días, me encontré con un amigo que me sugirió y hasta me apoyó para que entrara al Sena. Caí en cuenta de mi gran habilidad para relacionarme con la gente y en gran medida la administración es eso. Entonces me decidí a empezar.  Fue una etapa muy pesada, porque además de estudiar, tenía que trabajar…vivo cerca de San Carlos, estudiaba en el Sena de Soacha y hacía turnos en restaurantes. Me esforzaba mucho durante toda la semana, ya con eso tenía libre el sábado y el domingo, días que empecé a dedicárselos a Julián, mi hijo, él tiene once años…sé que todo sacrificio tiene al final una recompensa.

Ahora puedo decir, que siento un orgullo muy grande, porque empecé y finalicé mi proceso de aprendizaje y en su momento trabajé en lo que estudié. Ya no siento que haya perdido el tiempo, todo lo contrario, siempre se está aprendiendo o se está enriqueciendo el conocimiento. La vida es de caerse y levantarse…no hay fracasos, hay oportunidades.


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